
El pasado 24 de abril no fue un miércoles cualquiera para la arquitectura vasca. En TikiToki Zentroa tuvo lugar la primera edición de Zero Kilometro Arkitektura I. Topaketa, una jornada organizada por UEU con un objetivo claro: tejer red entre arquitectos y arquitectas euskaldunes y abrir un espacio de reflexión sobre la relación entre arquitectura, territorio, participación y lengua.
El carácter simbólico del encuentro fue evidente desde el inicio. El propio TikiToki Zentroa, que acogía la jornada, es resultado directo del proceso participativo Thinking Fadura impulsado por Getxo Kirolak. Un proyecto que no solo ha transformado un equipamiento, sino la manera de entender la relación entre institución, ciudadanía y espacio público.
A continuación, Asier Arevalo, responsable de comunicación y participación ciudadana de Getxo Kirolak, y Asier Amezaga, como representante de la Secretaría Técnica de Thinking Fadura, presentaron el proceso. Su intervención no se centró en un resultado final, sino en el recorrido: un proceso concebido como un organismo vivo en el que la participación no es un trámite, sino la herramienta para comprender el “ADN del parque” y detectar necesidades reales. Tal y como se trasladó durante la sesión, no se trataba de decidir qué construir, sino para quién y para qué, situando el origen del proyecto en la escucha activa y en la construcción de comunidad.
En ese marco, el espacio TikiToki Zentroa se presentó como la traducción arquitectónica de ese proceso colectivo. Un equipamiento que no nace de un plano, sino de una necesidad compartida, y que se concibe como un ecosistema activo, capaz de adaptarse a usos cambiantes y a una comunidad en evolución. Esta idea refuerza la arquitectura como herramienta de colectivización más que como objeto estático.
El arquitecto Aitor Gurtubay tomó el relevo para explicar el proyecto poniendo el foco en cómo las decisiones arquitectónicas responden a ese proceso previo. Especialmente relevante fue el bloque en el que se abordó la dirección de obra desde una perspectiva poco habitual: la conexión directa entre diseño, construcción, mantenimiento y servicio público. Un diálogo técnico que evidenció la coherencia del proceso en todas sus fases.
Uno de los momentos más significativos de la jornada fue la visita guiada al edificio. Recorrer el equipamiento de la mano de sus responsables permitió entender cómo los documentos, criterios y consensos generados previamente se traducen en soluciones concretas: materiales, espacios abiertos y configuraciones pensadas para facilitar el uso ciudadano. La teoría se hacía tangible.
Tras la pausa, la jornada giró hacia una dimensión más reflexiva con un espacio de conversación sobre arquitectura y euskera. En un ambiente cercano, las personas participantes compartieron experiencias sobre cómo el idioma influye en la manera de pensar y proyectar, y sobre la importancia de consolidar una comunidad profesional que trabaje también desde esa base cultural.
