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Fadura es civilización, es la utopía de la mente sana en un cuerpo sano

En Getxo contamos con un lugar excepcional que tenemos que preservar

Jon Ortega Etcheverry habla con pasión sobre el parque deportivo de Fadura. No en vano, a la edad de ocho años, acompañaba a su padre, Javier Ortega Uribe-Echevarría, a la visita de obra de la entonces nueva ciudad deportiva de Fadura. El reconocido arquitecto, recientemente fallecido, entendía la arquitectura como motor de transformación de la sociedad. En los 70 centró su labor profesional en la mejora de la escasa oferta de equipamientos socio deportivos, emulando las tendencias que existían en Europa y desarrollando proyectos tales como el Complejo Deportivo de Artxanda (Bilbao), la Ciudad Deportiva de Fadura (Getxo) o el Complejo de Frontones de Mendizorroza (Vitoria-Gasteiz), entre otros.

Jon Ortega, su hijo, arquitecto, getxotarra y usuario de Fadura, repasa los aspectos clave del pasado, presente y futuro del nuevo parque deportivo.

Jon, ¿qué recuerdos tienes de Fadura en todos estos años?

Mi padre proyectó el parque de Fadura en 1972; recuerdo que muchas veces le acompañaba a las visitas de obra cuando se estaba construyendo. En aquella época éramos el socio número 30; he vivido Fadura de niño, también la época de la Cervecera -cuando íbamos en verano a comer-, las primeras salidas a las piscinas, los partidos de pelota de los viernes en el Jai Alai, algún concierto que se hacía en los frontones o el Getxolandia que se ponía en el aparcamiento. Cuando tuve a mi hijo, veníamos a Fadura para jugar al tenis y disfrutar de un entorno seguro y sano; nunca ha sido un lugar multitudinario. Me encantaba cuando apurábamos la tarde y nos quedábamos con todo el parque para nosotros solos.

Fadura nació en un momento interesante, en los últimos tiempos del franquismo, en los que todavía no se había legislado demasiado en torno al planeamiento urbanístico. Fue una especie de milagro; se han hecho muchos polideportivos pero ninguno con esta generosidad de espacios más comunes de países centroeuropeos, en ese concepto de espacio enorme, lúdico, que genera bienestar. Hoy en día, no se hubiera podido hacer. Tenemos que ser conscientes de que en Getxo contamos con un lugar excepcional que tenemos que preservar. Si ahora derribaran Fadura, no nos lo dejarían reconstruir. Tenemos que aprovecharlo.

¿Cómo te imaginas el nuevo parque deportivo de Fadura?

El nuevo parque tiene que retomar el propósito del Fadura original. Para mí, Fadura es civilización, es la utopía de la mente sana en un cuerpo sano esa idea que nos viene de los griegos de unir el deporte y el cuerpo con actividades intelectuales. Así lo planteó mi padre; de hecho, una de las ideas era que Fadura tuviese bibliotecas para compaginar este binomio, impulsando el deporte como cultura, como actividad física y no solo como competición. Se trataba de incluir en Fadura lo que ahora son las aulas de cultura, las casas del jubilado/a u otros equipamientos que entonces no existían. Hay precedentes en las termas romanas, que tenían su gimnasio y su biblioteca en el mismo recinto.

Hay que preguntar a las personas usuarias, ¿qué crees que Fadura te puede ofrecer? Y, sobre todo, ¿qué haces fuera que podamos incorporar a Fadura? Todas estas ideas se pueden retomar y corregir, aprovechar lo que funciona, incorporar pequeñas mejoras y mezclarlas en el nuevo parque teniendo en cuenta que disponemos de lo más importante, que es el espacio físico -que habitualmente escasea-. Incluso podemos enriquecer la idea, porque, por ejemplo, el tema de la interculturalidad no se planteó entonces, pero encaja muy bien con el espíritu de civilización conviviendo en armonía. Si somos capaces de atraer a colectivos diversos, estos colectivos interelacionarán entre ellos. Soñemos lo que queremos; tenemos un laboratorio para poder hacerlo.

El río Gobela, en el entorno de Fadura, ¿podría pasar de ser una amenaza a convertirse en una oportunidad para Getxo?

Supongo que ya están bajo control las crecidas pero si hay crecidas en el río Gobela, convivamos con las crecidas del río Gobela. En países escandinavos, por ejemplo, conviven con las heladas, sus carreteras se congelan año tras año y llegan a construir carreteras que van por encima del hielo. Tenemos que adaptarnos al entorno; el río Gobela puede ser una oportunidad para hacer un espacio todavía más especial. Si el río tiene un valor ecológico, hay una oportunidad que encaja con este propósito, para hacer centros de observación o aprovechar su potencial. Puede ser un banco de pruebas para ver cómo se puede convivir con el río; no podemos separar nuestra vida de la naturaleza y ahí también hay un proyecto bonito. Si además caben actividades en el río, sería perfecto.

Bajo tu punto de vista, ¿qué claves debería considerar el diseño de este nuevo parque?

Fadura es un lugar verdaderamente especial y me inquieta que se convierta en un parque más y pierda esa unidad espacial que permite que cuando lleguemos a él estemos en un sitio diferente en el que ocurren cosas diferentes. Si vamos a organizar usos incompatibles o se va a convertir en un espacio peligroso, estamos perdiendo Fadura. Tiene que ser un espacio seguro, principalmente para los colectivos más vulnerables; hay que poder habitarlo con tranquilidad. Una de las ventajas que ha tenido Fadura es que era un espacio seguro. El parque tenía muchas entradas que se fueron cerrando porque los costes se disparaban. Creo que hay que abrir Fadura, con medidas de control y con un objetivo.

Tenemos que considerar Fadura como una ciudad deportiva en el sentido amplio de la palabra, no solo deporte, pero siempre con un objetivo claro. La clave es impulsar actividades que tengan que ver con la civilización, con el espíritu olímpico, con el espíritu amateur, que tengan que ver con el juego leal, con esos valores., puede ser un banco de pruebas para todo tipo de experiencias de interculturalidad, temas ecológicos y aprovechando como oportunidades lo que ahora parecen amenazas o debilidades.

Aunque hay familias que van a Fadura, creo que el espacio se puede aprovechar en mayor medida para este tipo de uso no tan deportivo. A veces, nos hace falta una excusa para ir a un sitio y, en este caso, falta esa excusa para este uso no deportivo. Creo, también, que se debería hacer un mayor esfuerzo de promoción porque la gente no sabe o no se acuerda de que existe este recurso. Además, hay una dificultad evidente de aparcamiento o de acceso sostenible; ya tenemos bidegorri y tenemos que contar con algún servicio de autobuses. No podemos depender tanto de los coches, sobre todo, cuando nuestro modelo de futuro es sin coche.

Alguna experiencia de otro lugar que pudiera servirnos de inspiración

Los parques ingleses son lugares enormes en los que se puede pasear y en los que convive la actividad deportiva con otro tipo de actividades. Mi padre se nutrió mucho, y yo también, de las ideas de la asociación alemana IAKS (Grupo Internacional de Trabajo sobre Instalaciones Deportivas y Recreativas). Buscaba la parte lúdica del deporte; le encantaban las piscinas con olas y fue de los primeros que hizo parques de skate, como el de Bakio, a finales de los 80.

Además de la actividad deportiva, me vienen a la cabeza las plazas de París donde se dan actuaciones espontáneas, en vivo; o Covent Garden, en Londres, un lugar en el que la gente va a ver qué hay y pasar un buen rato. Pienso que Fadura es un lugar en el que pueden convivir actividades de diferente índole dirigidas a personas con distintos intereses. Y si te puedes tomar una cerveza, mejor que mejor.

Recuerda que también puedes acceder a la plataforma de participación digital en www.thinkingfadura.eus.

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